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Ya sea que gane Clinton o Trump el próximo gobierno yanqui seguirá siendo, como todos los anteriores, el principal representante de la bestialidad imperialista.

En una elección donde el personaje grotesco que es Trump, permitió generar una imagen de polarización con su oponente Hillary Clinton, la realidad marca que ambos representan exactamente la misma perspectiva para los pueblos explotados.

Gane quien gane será un gobierno que continuará dirigiendo el saqueo de los pueblos, que continuará masacrando millones con sus guerras de rapiña, y siendo el principal garante a nivel mundial del sistema de explotación que condena a miles de millones de seres humanos a la miseria, para que un puñado de parásitos sigan enriqueciéndose cada día más.

Trump es una figura grotesca, abiertamente fascista, racista, xenófobo, un perfecto representante de la putrefacta burguesía imperialista.

Sus planteos políticos, que no pasan mucho más allá de los insultos raciales, y planteos de tipo proteccionista para la economía, sin ninguna elaboración ni profundidad, encuentran cabida por la larga crisis económica que atraviesa el país, y que ha sido el caldo de cultivo para el surgimiento de estos planteos, que recuerdan al surgimiento del nazismo en Alemania, o el fascismo en Italia, a mediados del siglo pasado.

Su discurso fácil, y su manejo de los medios de comunicación, le han dado un apoyo electoral que le permite estar a las puertas de alcanzar la presidencia

Por el otro lado, lo grotesco de este personaje, ha permitido al Partido Demócrata centrar la campaña electoral en la crítica a Trump, esquivando temas como la continuidad de la crisis económica, que padece el país desde el 2008, y que tras dos periodos consecutivos de gobierno, su partido ha sido incapaz de superar.

Esta crítica a Trump por parte de Clinton, pretende ocultar el hecho de que la candidata a presidente, y su partido, son los actuales responsables de llevar adelante las mismas políticas que Trump, con un discurso más crudo, sostiene.

En los EEUU no solo los inmigrantes son perseguidos, cazados en la frontera con México, donde ya existe un muro, como el que pregona Trump, sino que todos los musulmanes, latinos, y negros, de las zonas populares, soportan constantemente la persecución de las fuerzas represivas, bajo el mando del gobierno del Partido Demócrata, y al amparo de la llamada Ley Patriota, aprobada en 2001, bajo el gobierno de Bush, con el apoyo, entre otros, de la entonces senadora Hillary Clinton.

Por el lado de la política económica, por supuesto que todo el enorme aparato estatal norteamericano está al servicio, sea cual sea el gobierno de turno, de la defensa de los intereses de los enormes grupos monopólicos, dominados por capitalistas de ese país, que controlan en gran parte la economía mundial.

En cuanto a la política exterior, Clinton tiene responsabilidad directa, como senadora, en la invasión a Afganistan, en 2001, de la cual fue una de las grandes impulsoras, además, ya como Secretaria de Estado del gobierno de Obama, es también directamente responsable de la invasión a Libia, y de toda la política de desestabilización en Medio Oriente que EEUU lleva a cabo a partir de su apoyo, tanto al gobierno genocida de Israel, como a los grupos terroristas en Siria, entre otros países.

En nuestra América Latina es bajo la acción de Clinton como secretaria de estado, que se agudiza la intervención militar en Colombia, apuntando al asesinato selectivo de los líderes de las guerrillas revolucionarias, se impulsa la política de intervención quitando y poniendo gobiernos a su antojo, como en Honduras y Paraguay, y liderando una campaña feroz de desestabilización en Venezuela, actuando permanentemente para asegurar su “patio trasero” para el saqueo de sus monopolios.

En definitiva, con un discurso más suavemente presentado, Hillary Clinton representa exactamente la misma perspectiva en el gobierno que Donald Trump.

La mejor prueba de que en realidad para nuestros pueblos da exactamente lo mismo quien gane las elecciones yanquis, es el hecho de que el propio Donal Trump, gran burgués explotador, dueño de cadenas de hoteles, y de empresas vinculadas al negocio del entretenimiento, entre otras, ha sido, como todos los grandes burgueses, uno de los principales aportistas a las campañas electorales anteriores, pero no solo al Partido Republicano, del cual es hoy candidato, sino también al Partido Demócrata, el partido de Hillary Clinton, al cual se enfrenta en estas elecciones. Este método, constituye, por supuesto, uno de los mecanismos por los cuales los burgueses colocan a sus representantes en el gobierno, y demuestra que para la gran burguesía imperialista, la defensa de sus intereses está asegurada por cualquiera de los partidos que gane las elecciones.

No importa quien sea el ganador de estas elecciones en norteamerica, para los explotados de allí y de todo el mundo, ninguna expectativa puede haber en ellas.

Los pueblos explotados no podemos tener la menor duda de que el único camino para nuestra liberación es el de continuar y profundizar la lucha, para frenar el saqueo, para echar a los monopolios, para enfrentar la represión de los gobiernos títeres del imperialismo y la represión directa de los marines yanquis. Para destruir de una buena vez este verdadero cáncer para la humanidad que es el imperialismo norteamericano caminar hacia la construcción de una sociedad sin explotadores ni explotados.

COORDINADORA GUEVARISTA INTERNACIONALISTA

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