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Para los oprimidos, su historia

es un permanente estado de excepción.

Walter Benjamin

 

Son más de 200 años que el Pueblo Mapuche vive en los territorios de los hoy Estados chileno y argentino. Fue con la delimitación de las fronteras de estos Estados que comenzó a desalojarse violentamente a las comunidades mapuches que allí vivían de la mano de los gobiernos que comenzaban a repartirse entre terratenientes, militares y políticos los territorios y riquezas saqueadas. Desde entonces, el Pueblo Mapuche es un ejemplo de la lucha y resistencia contra todas las formas de acumulación por desposesión que se han dado en el Capitalismo, y todos los responsables que las han llevado adelante.

La realidad mapuche se conforma por más de 1 millón de personas del lado chileno y aproximadamente 500 mil del lado argentino, donde aquellos que continúan viviendo en sus territorios históricos o emigraron a la ciudad, están atravesados más acentuadamente por la extrema desigualdad, el analfabetismo, la mortalidad infantil y atrapados en la calamidad de la muerte por enfermedades curables.

La lucha de las comunidades es un despliegue de lucha política por la tierra, su cultura, historia y autonomía, confrontando directamente dichos Estados y sus fuerzas judiciales y represivas que confluyen hoy como un solo brazo de las multinacionales. Hoy la expansión de las industrias forestales en Chile, ha profundizado la devastación guiada por el valor del papel, para exportar pulpa y celulosa en el mercado internacional, equivalente a miles de millones de dólares anuales en manos privadas, arrojando como consecuencia el desplazamiento violento de las comunidades, contaminación ambiental, destrucción de bosque nativo y la usurpación de tierras.

Históricamente, los estados chileno y argentino bajo los discursos oficiales de progreso y paz, no han hecho más que amordazar y silenciar su voz y cultura, diezmando sus comunidades con una política deliberada y planificada con el sólo objetivo de saquear los bienes comunes que hay en sus tierras. Son continuos, e incluso ocultados por los medios masivos de comunicación, los allanamientos, amedrentamientos, espionaje, incendios a las viviendas, desalojos y represión que los Estados llevan adelante, impartiendo el terror y procesando por terrorismo toda manifestación de resistencias que actualmente se da en ambos lados de la cordillera.

Durante todos sus años de resistencia, el pueblo mapuche ha pasado por distintas experiencias organizativas, pero sobretodo ha difundido, profundizado y perfeccionado su resistencia ante los continuos embates de los socios privados extranjeros, sus ejércitos particulares y las fuerzas represivas a su servicio.

En los `90 en Chile dentro de las variadas expresiones organizativas del pueblo Mapuche, la corriente histórica la Coordinadora Mapuche de Comunidades en Conflicto Arauco- Malleco, comenzó a sembrar nuevos ejercicios en la defensa de sus comunidades con el incendio  de  dos  camiones  de  una  empresa  forestal  en  el  `96.  Los  latifundistas,  las compañías forestales, la corporación de la madera, el diario El Mercurio, son algunos de los verdugos que inclinan la balanza de la justicia burguesa con el peso de los Tribunales de justicia civiles y militares, hoy en el paradigma jurídico de la ley antiterrorista.

Tomando como referencia el periodo del 2001 a 2014, a partir del asesinato de Agustina Huenupe Pavian, se registran 11 mapuches asesinados directamente o por influencia del Estado chileno.

Los planes de criminalización de las demandas mapuches siguen arrojando casos de ensañamiento  como  el  de  Francisca  Linconao  líder  espiritual  de  su  pueblo,  acusada mediante la utilización de testigos bajo extorsión (palabras de Francisca en la carta a Bachelet). Su situación además de arrojar un montaje judicial devela las directivas unipersonales a la hora de señalar a los acusados y orientar el cerco judicial: en este caso el latifundista Emilio Taladriz cuyos intereses confrontan directamente con las comunidades de la Araucanía. La situación de Linconao ha hecho pedidos de solidaridad internacional, y en situaciones críticas como la huelga de hambre de ella para acelerar la obtención de su prisión domiciliaria, arrojan una fuerza moral que refuerza el espíritu de lucha de las comunidades, con multitudinarias marchas como la del 18 de enero en Temuco por su apoyo y en denuncia de la militarización de la Araucanía.

El largo proceso de lucha de la nación mapuche fundamentalmente en el sur de Chile, en su auto-reconocimiento histórico, toma en sus definiciones más avanzadas, y en la práctica concreta el carácter de lucha por la liberación nacional. El Estado chileno como brazo político, jurídico, mediático y armado del gran capital, desde los `90 ha desdoblado su intervención nacional donde mantiene niveles de represión policial duros, pero distantes del plan contrainsurgente que viene sufriendo la nación mapuche por el nivel de cuestionamiento práctico que vienen ejerciendo, tensionando los planes políticos de ocupación desde posiciones de fuerza. La toma de conciencia de importantes sectores del pueblo mapuche cuestionan al capital, sus dimensiones de reproducción y las opresiones contenidas en su sistema de ordenamiento social.

En Argentina el complejo agro industrial minero también golpea en general y en particular a las comunidades mapuches, que en un espiral de confrontaciones sacan a luz el proceso de extrema concentración de tierras con el ejemplo de Benetton en la Patagonia, territorio conquistado  por  el  genocidio  de  la  Campaña  del  Desierto  (campaña  militar  para  la ocupación y delimitación de los límites del territorio en plena conformación del Estado argentino) como propietario de casi un millón de hectáreas.

De un proceso de movilizaciones, ocupaciones de tierras y sabotajes, se instalan en el conocimiento público organizaciones ,entre otras, la Resistencia Ancestral Mapuche contra las empresas mineras, petroleras, hidroeléctricas y capitalistas en general. La militarización en la provincia se instala con la persecución, filmaciones, fuerzas especiales de la policía y gendarmería; el poder judicial como instancia intermedia para legitimar el secuestro y la retención selectiva de integrantes del movimiento mapuche, con el arma de la ley antiterrorista para agravar los fallos y ampliar el blanco de posibles procesados; y el poder de las empresas de comunicación que se alinean en la estrategia ofensiva de sintetizar las expresiones  de  lucha  de  las  comunidades  como  terroristas,  diseminando  el  odio  a  los pueblos originarios, la victimización de las familias empresariales y la xenofobia instalada en amplios segmentos del sentido común de la población en el país.

La unidad de la lucha de los pueblos contra toda opresión

Una larga tradición de confluencia, acciones comunes, la práctica de organizaciones revolucionarias  históricas  marcan  el  potencial  y  los  alcances  realmente  posibles  de  la unidad de los pueblos contra el modo de producción capitalista. La lucha concreta, social y revolucionaria, su carácter antiimperialista desarrolladas por el pueblo mapuche exponen métodos de construcción política arraigados en su legado histórico que aportan enseñanzas muy valiosas a la concepción estratégica de la revolución latinoamericana cuyas demandas en su composición social heterogénea emprenden la búsqueda de puentes que desde la lucha práctica tienen un enemigo continental.

La política de terror de los Estados capitalistas se ha sembrado y alentado contra todo aquel que atente contra su base material que en nuestro continente son nuestros territorios y bienes comunes. El avance de la represión y del saqueo por parte de los Estados y las empresas multinacionales, se ha dado en paralelo al despertar, organización y unión de cientos de pueblos contra toda forma de opresión y saqueo de las mayorías por un puñado de beneficiados. Los pueblos latinoamericanos no han cesado de organizarse y luchar con humildad, pero con decisión y firmeza, frente al saqueo y la expoliación de nuestros bienes comunes, en defensa de la tierra, de la soberanía alimentaria, de una educación, salud, y trabajo dignos, etc.

La profundización y perfeccionamiento de las estrategias imperiales, nos posicionan a las organizaciones revolucionarias en la necesidad histórica de retomar las herramientas y experiencias de cada uno de los pueblos que se han alzado para derrotar este sistema de explotadores y explotados en pos de una sociedad donde sea posible vivir con dignidad y plenamente libres.

Porque la lucha contra el Capitalismo que nos reduce a la explotación y muerte es una sola y no tiene fronteras ni nacionalidad, debemos seguir construyendo la senda de la revolución socialista para la felicidad, liberación y plenitud de nuestros pueblos.

 

¡Ni un minuto de paz para los ricos!

 

Coordinadora Guevarista Internacionalista

Febrero de 2017

adminInternacional
Para los oprimidos, su historia es un permanente estado de excepción. Walter Benjamin   Son más de 200 años que el Pueblo Mapuche vive en los territorios de los hoy Estados chileno y argentino. Fue con la delimitación de las fronteras de estos Estados que comenzó a desalojarse violentamente a las comunidades...